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LOS RETOS DE SER MAMÁ EN EL SIGLO XXI (PARTE I)


Semana Del 29 Abril Al 5 De Mayo

La maternidad en nuestra era supone enormes desafíos, muy diferentes a los que tuvieron que enfrentar nuestras madres o las madres de nuestras madres. ¿Cuáles son y qué implican para las mujeres de hoy? Carolina Vegas, periodista, mamá y escritora del libro Un amor líquido, nos da luces sobre el tema.

Nuestras familias ya no son iguales a las que tuvieron nuestras madres o abuelas. Para empezar, el número de miembros que las componen ha disminuido: a comienzos del Siglo XX y hasta la década de 1940 (solo por hablar de una época reciente), era normal tener media docena de hijos y más. A partir de la Segunda Guerra Mundial y hasta la década de 1980 el número bajó casi a la mitad y desde entonces hasta nuestros días es usual que las parejas se aventuren a traer al mundo a lo sumo dos descendientes.
Pero el hecho de que la prole haya bajado no significa que las mamás tengan menos que hacer. Todo lo contrario: las exigencias son mucho más grandes y la cada vez mayor inclusión de la mujer en el mundo laboral suma en la bolsa de requerimientos. ¿Qué retos tienen, entonces, las mamás de hoy? Carolina Vegas, periodista y escritora del libro Un amor líquido –que revela la no tan luminosa tarea de dar a luz y criar–, nos habla desde su experiencia de mamá.

1. La familia se reinventa

Las familias de nuestros días no son tan grandes como las de hace tiempo, por eso el apoyo que las mamás de hoy reciben del núcleo familiar extendido (abuelas, tías, primas, cuñadas, suegras…) no es igual al que tuvieron la mayoría de nuestras madres y abuelas, o no existe. “Antes toda la familia se encargaba de ayudar en la crianza, de una u otra forma. Y esto ocurría porque a veces todos sus miembros –o buena parte– vivían bajo un mismo techo o en la misma ciudad, o a que el entorno familiar era más unido y apegado, lo cual redundaba en una mayor responsabilidad hacia la crianza de los niños”, afirma Carolina.

La situación en el Siglo XXI es distinta. Muchas de las familias de esta era están separadas debido a dos factores principalmente: “Viven en diferentes ciudades y no existe ese tejido familiar tan profundo como el de antaño. A esto se suma que algunos abuelos son ya muy mayores y no se sienten en capacidad de cuidar de los nietos, lo cual ha provocado que muchas parejas deban delegar esa ayuda en una persona ajena al núcleo familiar (cuidadora o niñera)”.

Y que esto ocurra se debe a que nuestras madres y abuelas tuvieron sus hijos más jóvenes. “Ahora muchas mujeres dan a luz una década más tarde de lo que lo que lo hicieron sus mamás. Ese es un cambio grande”. ¿Qué hacer? “Las familias se están transformando y eso está bien; hay mucha diversidad. Lo que debemos replantearnos es el rol de cada miembro de esa familia dentro de la crianza, porque las mamás de hoy estamos reventadas”.

2. Maternidad sobrecargada

Otro de los grandes retos de la crianza hoy día es, según la periodista y escritora, el doble filo de la lucha por las libertades e igualdades de las mujeres en muchos ámbitos, especialmente en el laboral. “Soy feminista y apoyo la liberación femenina, pero creo que terminamos queriendo y creyendo que podíamos hacerlo todo y con esto me refiero a que hoy día una mamá que trabaja hace muchísimo más de lo hacía una mamá antes”.

¿Por qué? “Pese a tener en la actualidad la posibilidad de salir al mercado laboral y ser partícipes de él, nuestros quehaceres en casa no hay dejado de existir; se supone que actualmente los papás son más activos, pero aun así la carga sobre las madres sigue siendo mucho más alta”.

Eso por un lado; por el otro, asegura Carolina, muchas empresas no estaban (ni están) preparadas para acoger a las mamás en su reingreso al mercado laboral. “Los empleadores jamás piensan en las necesidades que tienen las empleadas mujeres que son madres; eso no cuenta como un factor. Y es muy curioso y a la vez muy cruel porque hay estudios que incluso revelan que las mamás que trabajan son muchísimo más costo-efectivas que los demás empleados que tiene una empresa”.

Esto se debe –explica– a que una mamá que trabaja sabe que su horario es fijo y que en este tiene que cumplir ciertas metas, pero además están las responsabilidades de su hogar, que no puede dejar de lado. “Así que el tiempo de trabajo para ella, es tiempo de trabajo; no se pone a mariposear ni a hacer visita. Una mamá se sienta a trabajar y las horas dedicadas al trabajo son mucho más efectivas que las de otro empleado porque, en efecto, está trabajando. Desafortunadamente las empresas parece que no se han enterado de eso y nos exigen mayor presencia física en las oficinas aunque esto no tenga relación directa con la productividad; tampoco son lo suficientemente flexibles en este caso”.

¿Te gustaría ver la segunda parte de este especial? La próxima semana podrás leer el final del artículo.

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