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LOS RETOS DE SER MAMÁ EN EL SIGLO XXI (PARTE II)


Semana del 6 Al 12 De Mayo

La maternidad en nuestra era supone enormes desafíos, muy diferentes a los que tuvieron que enfrentar nuestras madres o las madres de nuestras madres. ¿Cuáles son y qué implican para las mujeres de hoy? Carolina Vegas, periodista, mamá y escritora del libro Un amor líquido, nos da luces sobre el tema. Segunda entrega.

3. El síndrome de la súper mamá

Aunque en el nuevo milenio la mayoría de las mujeres que son madres tienen menos hijos que sus mamás y abuelas, las cosas hoy no son más fáciles para ellas. Hay una gran expectativa por el papel que deben desempeñar en nuestros días. “No solo se espera de nosotras que seamos excelentes trabajadoras y mamás, sino que entremos en el rango SUPER: súper mamá, súper profesional, súper esposa… La crianza simple de la supervivencia (la de la época de nuestras abuelas), en la que solo se esperaba que los hijos sobrevivieran y fueran buenas personas, no parece ser suficiente hoy. El grado de exigencia ha llegado al punto que se espera que criemos pequeños genios”, afirma Carolina Vegas, mamá, periodista y escritora del libro Un amor líquido.

Para que eso sea posible, cuenta, la crianza implica actualmente que las mamás sean expertas en varios temas: pedagogía, psicología y nutrición, por solo citar algunos, pero, además, que tengan una nutrida imaginación a la hora de recrear a sus hijos, para que no tengan que acudir a las pantallas (Tv y celulares) y no se aburran, algo que para Carolina es un error pues del aburrimiento viene, justamente, la creatividad. “Además de eso se nos exige que sigamos siendo bonitas, bien vestidas y estando buenas para que nuestras parejas no se cansen de nosotras (porque dicen que si eso pasa es culpa nuestra) y a la vez ser súper empleadas, las mejores, las más destacadas, porque para una mujer ser un simple trabajador promedio nunca será suficiente”.

Estas exigencias latentes en nuestra sociedad actual, sumadas a la presión que las madres ponen sobre sí mismas, es absurda, asegura la escritora. “El nivel de estrés en el que vivimos las mamás hoy día es injustificado, inexplicable y necesita cambiar, pero para que eso pase tenemos que transformarnos como sociedad y empezar a dejar de sublimar y poner en el plano de ‘divinidad’ la figura de la madre… somos seres humanos”.

También es necesario que cesen las expectativas absurdas de criar niños genios. “Debemos aspirar a criar solo buenas personas. Son pocos los que sobresalen en nuestro mundo, pero eso no quiere decir que quienes no resaltan no sean valiosos para la sociedad, para sus familias y para quienes los rodean. Debemos criar seres excepcionales, pero eso no implica que vayan a ser famosos; no todos los niños están destinados a ser genios y no por eso son menos importantes”.

4. La influencia negativa de las redes

Al parecer ser una simple mamá en estos días de hiperconectividad e hiperexposición no es una opción. En este pensamiento, afirma la periodista, tienen mucho que ver las redes sociales. “No hay más que echarle un vistazo a Instagram y ver a todas esas ‘súper mamás’ que siempre tienen tiempo para sus rutinas de ejercicio y de belleza, para lucir siempre el look perfecto y, además, dedicarse a la culinaria gourmet… eso no ha sido necesariamente bueno para las demás. Por eso aprecio mucho cuando la maternidad se muestra al desnudo y se aclara realmente cómo es: dura. Y no solo la maternidad y la crianza, también el acto fisiológico de tener hijos es muy difícil”.

Hoy que nuestra labor se ha ampliado –por suerte y a la vez por desgracia, dice Carolina– darle visibilidad a esto es importante. “La gente da por hecho que los niños vienen al mundo, se hacen personas y ya, pero no es así. Personalmente considero la crianza un acto político. El cómo estamos criando a nuestros hijos es el primer acto político que hacemos más allá del voto y de cualquier otra participación política, porque demuestra qué somos, qué queremos y a qué aspiramos”.

5. Más manos apoyando

La única manera de hacer la crianza más fluida –y alivianar así la carga de las mamás de nuestros días– es que la sociedad se comprometa con ella. “Necesitamos que más personas se involucren, empezando por las parejas de las madres, si las hay, o si son madres solteras, las familias y las personas que las rodean. Creo que el acto de la crianza es un acto de toda una sociedad, no puede depender solo de las madres”.

Y para que también sea más nutrida, Carolina recomienda: “Menos clases y más horas de arrunche y juego libre. Más horas de aburrimiento, más horas de parche familiar viendo películas, más horas de cosas sencillas: ir al supermercado o al centro comercial… Los niños no necesitan millones de clases extracurriculares, necesitan juego libre no guiado, sino no es juego. Con eso le damos a nuestros hijos la libertad de ser y de crear”.